Hay gente en el exterior que siente

"Un rechazo hacia la Civilización Occidental y sus valores culturales"

Por: Edward S. Herman

Una de las características más perdurables de la cultura de los EE.UU. es la incapacidad o resistencia para reconocer los crímenes de los EE.UU. Los medios desde hace mucho tiempo exigen a los japoneses y alemanes que admitan sus culpas, pidan perdón, y paguen indemnizaciones. Pero la idea de que este país ha cometido crímenes enormes, y de que eventos recientes como los ataques al World Trade Center y al Pentágono puedan tener raíces en una respuesta a estos crímenes, es casi inadmisible. En su editorial sobre estos ataques ("La Defensa Nacional", 12-9), el New York Times concede un poquito de peso a la terminación de la Guerra Fría, con el consecuente "resurgimiento de odios étnicos", pero que los EE.UU. y otras potencias de la OTAN hayan contribuido a tal resurgimiento a través de acciones directas (v.gr.: ayudando a desmantelar la Unión Soviética y ejerciendo presión en la "reforma" rusa; dando estímulo a la salida de eslovenos y croatas de Yugoslavia y al desmembramiento de ese estado, sin preocuparse por el problema de las minorías que quedaban rezagadas, etc.) no es reconocido en lo absoluto.

El Times pasa luego a culpar por el terrorismo al "fanatismo religioso... la ira entre los que se quedaron en el camino de la globalización", y al "rechazo por la civilización occidental y los valores culturales" entre los desposeídos globales. Las pantallas y el auto-engaño en esa afirmación realmente desbordan cualquier razonamiento. Como si la globalización corporativa, apoyada por el gobierno de EE.UU. y sus aliados más cercanos, con ayuda de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el FMI, no hubieran desatado un proceso de empobrecimiento masivo en el Tercer Mundo, con recortes presupuestarios y devastación implícita de los artesanos y pequeños campesinos. Muchos entre estos cientos de millones de perdedores son bien conscientes del papel que han jugado los EE.UU. en este proceso. Es el público estadounidense el que ha sido mantenido por mucho tiempo en la ignorancia.

Vastos números de personas han sufrido también las políticas de EE.UU. de apoyo a dictaduras de derecha y al terrorismo de estado, políticas que combaten "regímenes nacionalistas apoyados en gran parte mediante apelación a las masas" que amenazan con responder a "una creciente demanda popular de una mejoría inmediata en los bajos estándares de vida de las masas", como expresaba con temor el reporte de 1954 del Consejo de Seguridad Nacional, cuyo contenido nunca llegó a considerarse "apto para su impresión". En conexión con tales políticas, dentro de la esfera de influencia de EE.UU. surgió una docena de Estados de Seguridad Nacional entre los años sesentas y setentas, y tal y como reportamos Noam Chomsky y yo en 1979, de 35 países que empleaban la tortura como procedimiento administrativo básico a finales de los setentas, 26 eran estados clientes de EE:UU. La idea de que muchas de esas víctimas de torturas y sus familias, y las familias de miles de "desaparecidos" en América Latina desde los años sesenta hasta los ochenta, puedan albergar algún sentimiento negativo hacia los Estados Unidos sigue siendo impensable para los comentadores de EE.UU.

Durante la guerra de Vietnam los Estados Unidos usaron su enorme poder militar para intentar instalar en Vietnam del Sur un gobierno de minoría escogido por EE.UU., y basaron sus operaciones militares en el conocimiento de que el pueblo de esa región era el enemigo. Este país [Estados Unidos] asesinó a millones y dejó a Vietnam (y al resto de Indochina) devastado. Un reporte del Wall Street Journal de 1997 estimó que tal vez 500.000 niños vietnamitas sufren serias enfermedades congénitas producto del uso de armas químicas por parte de EE.UU: Aquí encontramos de nuevo una gran cantidad de gente con sentimientos hostiles bien fundamentados contra los Estados Unidos.

Lo mismo se cumple para millones en el África del Sur, en donde los Estados Unidos apoyaron a Savimbi en Angola y ejecutaron una política de "participación constructiva" con el apartheid de Sudáfrica mientras este llevaba a cabo una enorme operación terrorista transgrediendo sus fronteras, contra los países vecinos, en los años setenta y ochenta, que resultaron en inmensos números de víctimas. El apoyo que dio Estados Unidos a Suharto, "nuestra clase de hombre", en su campaña interna de saqueo y exterminio en Timor Oriental, y su larga y cálida relación con el dictador filipino Ferdinand Marcos, pudieron haber generado también una respetable hostilidad hacia este país entre las numerosas víctimas.

Los iraníes podrán recordar que los Estados Unidos instalaron al Shah como su dictador obediente en 1953, entrenaron a su servicio secreto en "métodos de interrogación", y lo alabaron mientras ponía en práctica su régimen de tortura; y con seguridad recordarán que los Estados Unidos apoyaron a Saddam Hussein durante todos los ochentas mientras peleaba su guerra contra ellos, e hicieron la vista gorda con su uso de armas químicas contra el estado enemigo. Su avión civil 655, destruido en 1988, con la muerte de 290 personas, fue derribado por un barco de guerra estadounidense que daba apoyo a Saddam Hussein en su guerra contra Irán. Muchos iraníes podrían saber que el comandante de ese barco recibió una condecoración de la Legión al Mérito en 1990 por su "destacado servicio" (pero los lectores del New York Times no lo sabrían pues ese periódico nunca mencionó este reconocimiento de alto nivel).

El indoblegable apoyo de los EE.UU. a Israel mientras este país ha ejectuado una política de larga data de expropiación de la tierra palestina y de limpieza étnica, ha producido dos intifadas -levantamientos que reflejan la desesperación de un pueblo oprimido. Pero estos levantamientos y esta lucha por los derechos elementales no han tenido ninguna consecuencia constructiva, porque los EE.UU. suministra a los limpiadores étnicos armas, protección diplomática y carta blanca para la ejecución de sus políticas.

Todas estas víctimas podrían muy bien sentir un rechazo por "la Civilización Occidental y los valores culturales", pero esto sería porque reconocen que éstos incluyen la imposición inmisericorde de un régimen neoliberal que sirve a los intereses de las empresas transnacionales de Occidente, junto a una disposición a usar la fuerza de manera ilimitada para alcanzar los objetivos de Occidente. Esto es genuino imperialismo, que se limita a veces a emplear coerción económica, y otras veces la suplementa con violencia, pero igualmente genera millones -tal vez miles de millones-de "víctimas inocentes". Los editores del Times no reconocen esto, o al menos no lo admiten, debido a que son voceros de un imperialismo en auge con dirigentes que no están dispuestos a cambiar sus políticas. Esto trae malos augurios. Pero es de gran importancia en este momento enfatizar el hecho de que el terrorismo imperial produce inevitablemente revanchas terroristas; y de que la necesidad urgente es la de poner riendas a la fuerza causante, la cual es el imperio desbocado.

Traducido por Guillermo Calderón