¿ PORQUE LA REGIONALIZACION ES UNA REVOLUCION?

 

Por: Alan García Pérez

La Regionalización es una revolución porque ella reestructura políticamente el Estado Nacional y lo socializa en el sentido de entregarlo a las multitudes organizadas. La regionalización constituye así, el cambio político más importante en la estructura social del Perú porque transforma sustancialmente la relación entre las clases dominantes y las clases subordinadas.

Para esa finalidad reconstruye todo el Estado apoyándolo en Asambleas representativas de los sectores sociales hasta ahora marginados. En consecuencia, cada una de las Asambleas y Gobiernos Regionales es una expresión organizada del Frente Unico de Clases Explotadas como lo definió Haya de la Torre. Y lo es porque no participan en su composición las fracciones centralistas y monopólicas, financieras e industriales que han dominado el Estado Nacional.

Pero la Regionalización será también la reforma antiimperialista más importante hecha en el Perú, porque al constituirse cada Región como un Centro Político de Decisiones, se reorientará desde ella los conceptos de la planificación, del desarrollo, de la inversión y de la producción. En otros términos, comenzará el cambio del patrón económico de acumulación y de orientación de la producción al extranjero que caracterizaron la economía centralista.

Para comprobar el carácter revolucionario del proceso regionalizador es preciso verificar que él es, desde ahora, un instrumento de las multitudes organizadas del Perú para hacer una revolución pacífica. Porque la Regionalización es la verdadera nacionalización del Estado y es la verdadera socialización democrática del Estado. Cada Gobierno Regional es, en la teoría y en la práctica, una Asamblea de expresión popular elevada al nivel histórico de la acción.

Hasta ahora se ha identificado la Regionalización con la descentralización administrativa. Y ello ha sido así porque los problemas de los lugares más alejados y por los que las Autoridades, Alcaldes y Presidentes de los Frentes de Defensa venían hasta Lima en actitud de reclamo o súplica; serán desde ahora resueltos directamente en sus circunscripciones.

Solamente este hecho sería suficiente para justificar la Regionalización. En mis cinco años de Presidente he recibido, y a veces, no he podido recibir, a miles de delegaciones campesinas y provincianas con sus memoriales y su recorrido interminable de ventanillas ministeriales. Todo eso acabó o acabará poco a poco con la Regionalización. Sin embargo, siendo ello importante, la Regionalización es un cambio social mucho más profundo.

También se acepta usualmente que la Regionalización es una profundización de la libertad en el Perú, porque afirma la libertad como la participación cada vez mayor del pueblo en la elección de Autoridades cercanas (diputados regionales, delegados de organizaciones sociales) y, a través de ellas, de quienes gobiernan directamente en las Regiones. Esto también es verdad, pero es menos importante que la reestructuración no oligárquica del Estado y que el cambio del patrón económico de acumulación que el proceso regional implica. Este trabajo, por ello, está dedicado al análisis y desarrollo de estos dos temas.

Desde comienzos de siglo, el descentralismo cobró fuerza en la política peruana y con mayor vigor, desde 1920. Pero fue siempre un proyecto jurídico y una teoría política. Inclusive existió, como se sabe, un movimiento político llamado Partido Descentralista. Y el Aprismo desde 1930 incorporó la Regionalización como parte de su Programa. Consecuente con ello, en mi primer Mensaje al Congreso en 1985 incluí un Capitulo sobre la Descentralización y, también lo hice en 1986. Pero hasta entonces, todo eso siguió siendo una propuesta teórica, jurídica y política.

Precisamente por ello, deseo ahora presentar mi testimonio como Presidente de la República de la forma como ese Proyecto teórico y jurídico se iba transformando conforme pasaban los años del gobierno aprista, en una necesidad política cada vez más imperiosa y en el único camino posible para transformar el país.

Al comenzar el gobierno creía, como creo ahora, en una Revolución que construya la Independencia del Perú y de América Latina respecto al poder industrial, comercial y financiero internacional. Creía, igualmente, como creo, en la necesidad de reestructurar la relación de las clases sociales en el Perú y redistribuir la riqueza y reorientar el desarrollo.

ESTADO, GOBIERNO Y REGIONALIZACION

Estábamos dispuestos a usar el Estado como un instrumento decisivo para hacer la Revolución en el Perú. Pero el gobierno, como experiencia que no se encuentra en ningún libro, nos enseñó que el Estado, como síntesis y expresión de la sociedad peruana, era también centralista, oligárquico y burocrático. No era pues, un instrumento adecuado para reestructurar con él, la sociedad.

En 1987 planteé, entonces, la nacionalización del sistema financiero. Las razones económicas y políticas de esa propuesta ya las he explicado, pero contra esa medida se alzó una oposición tan agresiva y se manipuló de tal forma la información y la publicidad por parte de la derecha que en el fragor de esa lucha comprendí, mucho más que antes, que si se quiere hacer una Revolución en el Perú primero hay que revolucionar el Estado.

Un Estado hecho para servir al monopolio mercantilista de los grandes grupos, un Estado nacido para articular la débil economía del Perú con los intereses internacionales, un Estado que había reclutado una enorme masa burocrática esencialmente limeña, no era, en ningún caso, un instrumento capaz de enfrentar el poder económico, informativo y publicitario de los grandes intereses. Un Estado organizado en Instituciones y Asambleas lentas, sujetas a la presión oligárquica y a la vacilación, era incapaz- como lo demostró la discusión sobre la banca -, de hacer una verdadera revolución.

Y es que en la actual estructura del Estado centralista, un partido popular puede ganar la elección, pero después permanece 5 años en manos de la burocracia, de la lentitud parlamentaria y de las presiones y de los intereses de los poderosos. Inclusive las fuerzas políticas, sus dirigentes y sus cuadros tienden a identificarse con las características del Estado tal cual es.

Por ello en 1987, comprendí, en la lucha y con la experiencia, que el Estado oligárquico y centralista debía romper sus propios esquemas y debía reconstruirse de una manera popular.

Ahora bien, una Revolución no tiene un camino lineal ni un desarrollo mecánico. Antes, el viejo Marxismo enseñaba que primero era necesario transformar la infraestructura económica para después,como consecuencia de ello, emprender la transformación de la superestructura política. A diferencia de ese viejo enfoque, hoy aceptamos conceptualmente la interdependencia de esos dos factores. Por consiguiente un cambio político puede ser una revolución pues implica en sí mismo cambios económicos o los vuelve necesarios.

Una Revolución no comienza entonces solamente por el enfrentamiento de la deuda externa, el control de los precios de los productos básicos o por la limitación del margen monópolico de la ganancia o el control del excedente monetario. Si todo eso plantea dificultades insuperables, como lo he comprobado en mi Gobierno, la Revolución puede comenzar por la transformación del Estado mismo, por lo que antes se llamaba "superestructura" Y debe abordarse la superestructura comprendiendo que el Estado puede ser el principal medio de producción de una Nueva Sociedad y que cada Gobierno Regional, como parte del Nuevo Estado, puede aglutinar como totalidad actuante a las clases sociales oprimidas que conforman su Asamblea, dándoles Unidad en la Acción.

Este es el sentido plenamente revolucionario de la Regionalización. Pero la Regionalización es, también, una nueva forma de integración espacial y de ocupación territorial del país y un instrumento esencial para la integración cultural del Perú donde todavía, pero muy poderosamente, subsisten los complejos y conflictos étnicos y raciales.

Creo que la Regionalización es por todas estas razones, el Proyecto o Programa de Gobierno más importante que puede plantearse. Y Justamente porque lo es y compromete el largo plazo, es por ello el instrumento más importante para impedir el despoblamiento y la migración del Perú Provinciano y la medida política más efectiva contra la subversión que asola al Perú en los últimos diez años.

LAS AMENAZAS A LA REGIONALIZACION

Dicho esto, y con cargo a desarrollarlo más adelante, quiero advertir rápidamente sobre los peligros que amenazan al proceso que recién se inicia. La derecha peruana, que reaccionó virulentamente contra la propuesta de nacionalización del sistema financiero, no ha comprendido aún la transformación del sistema financiero, no ha comprendido aún la trascendencia revolucionaria de la Regionalización. Pero no tardará en hacerlo. Le repugna que las mayorías mestizas del Perú puedan organizarse en Centros Políticos de Decisión Económica y Social.

Rechazará que un gran porcentaje del patrimonio estatal sean gobernados regionalmente y que gran proporción de los gastos presupuestales se manejen por los gobiernos populares. Y entonces, si la derecha captura de nuevo el Poder Político la alternativa en la lucha será clara: Gobierno Centralista Oligárquico versus Gobiernos Regionales Populares.

Todo esto, según mi opinión, a pesar de la buena o mala intención del Partido Político que tenga el gobierno central pues, como he dicho, son las características actuales de éste, con su centralismo y estructura oligarquizada, las que se imponen al que en apariencia política, detenta el gobierno. Así, pues, en los próximos años, la derecha será anti-regionalista.

Sus intereses de clase le impondrán destruir o minimizar a los gobiernos regionales. Iniciará una activa campaña de desprestigio para "comprobar" la esterilidad de las Asambleas de cada Región. Denunciará que la burocracia central se ha reconstituido como burocracia en cada lugar. Afirmará también que hay lentitud y, sobre todo, que hay más desorden. Téngase en cuenta aquí que la derecha siempre llama desorden a la participación popular.

Por consiguiente, será responsabilidad de los partidos populares y la ciudadanía progresista defender el proceso que ahora comienza. Y será responsabilidad de los miembros de las Asambleas y de los Gobiernos Regionales no incurrir en conflictos inútiles, en asambleísmos estériles, en tribalismos suicidas que den sustento al ataque ideológico de la derecha y sus aliados.

Algo más, si hasta ahora la Regionalización se ha hecho sin mayores costos humanos y conflictos sociales, es porque ha sido promovida por el propio Poder Ejecutivo. En otros países y otros siglos, el Gobierno Central defendió jurídica y a veces militarmente sus atribuciones. Aún hoy, en el proceso iniciado en la Unión Soviética, la libertad se reclama como la autonomía de las Regiones y pueblos, contra la hegemonía centralista de Moscú. Aquí, por el contrario, el Gobierno Central fue el principal propulsor de la Regionalización. Así lo hicimos por convicción teórica, pero también porque comprendimos en la lucha de éstos años, que la Regionalización dejó de ser una teoría política para convertirse en el único camino de acceso del pueblo a la conducción del Estado y al Gobierno de la sociedad.

REGIONALISMO, NEOLIBERALISMO Y MODERNIDAD

Está de moda en América Latina un concepto colonial de modernidad. En realidad ese concepto, en su sentido colonial, sólo reproduce el antiguo etnocentrismo occidental según el cual Occidente es la cultura que debe extenderse de manera uniforme y sostenida en el mundo. Para esta concepción no existen diferencias históricas, culturales y sociales entre las sociedades que no puedan ser subordinadas por la modernidad importada, es decir, por la tecnología, por el modelo de organización social y hasta por la raza de la sociedad más poderosa. Así modernizarse es importar valores culturales que se aceptan como universales; es también, seguir un camino tecnológico lineal e imitar las reglas y organización económica de los países hegemónicos.

Sin embargo, la experiencia histórica muestra que las sociedades que han querido modernizarse imitativamente han culminado casi siempre un papel subsidiario en la tecnología, la economía y la política al servicio de los países hegemónicos.

El neoliberalismo afirma que la modernidad es el salto tecnológico pero olvida el fracaso de la tecnología de la industrialización centralista en cada país de la América Latina desintegrada. El neoliberalismo afirma, como tesis de modernidad, incluir el concepto del mercado como único asignador de recursos de la sociedad, pero oculta que el control transnacional del mercado internacional, la deuda externa, los bajos precios de nuestros productos, el dominio del mercado interno por algunos monopolios y la hegemonía tecnológica mundial, hacen inviable hablar en nuestro país de mercado y de competencia.

El neoliberalismo dice que la modernidad es el desmantelamiento del Estado que es ineficiente, pesado y burocrático, pero soslaya que en los países más poderosos el Estado es más fuerte con relación a sus sociedades que en América Latina y oculta que en nuestro continente el Estado ha sido instrumento y espacio de lucha política para las masas populares.

Como conclusión de estos conceptos, el neoliberalismo propone la sumisión unilateral de cada país pobre con las economías europea y norteamericana. Algo más, al plantear el desmantelamiento de la dirección económica estatal y la reducción generalizada de los aranceles, fragmenta la sociedad en un archipiélago de intereses y sectores, cada uno de los cuales debe tener una relación directa y libre con los centros hegemónicos mundiales, según una lógica por la cual no existen fronteras sino intereses, no existen naciones sino un único espacio económico y social en el que impera el interés del más fuerte. Obviamente, al neoliberalismo como teoría totalitaria de los países más ricos se corresponde en América Latina el neocolonialismo como la actitud política y social de los grupos monopólicos y sus aliados.

LA MODERNIZACION DEMOCRATICA Y LA REGIONALIZACION

Nosotros creemos que cada sociedad tiene un sentido propio, un grado peculiar de organización y, por consiguiente, un sentido real y propio de modernidad sin que ello signifique ignorar que la modernidad tecnológica es un valor universal. Por el contrario creemos que ella, la tecnología, se enmarca dentro de la modernidad social y que ésta debe ser, en su primer y más importante sentido, el reconocimiento y la aceptación de la propia realidad. No puede haber nada más simplista y reaccionario, en este sentido, que la ajenidad o la alienación por la que una sociedad ve en otra el espejo de su propio futuro y, por tanto, el ejemplo que "debe" imitar.

Creemos, por el contrario, que la primera tarea moderna de la sociedad y el Estado Latinoamericano es la integración. Si las sociedades atraviesan crisis es por falta de un principio central de unidad, de balance y compensación frente a la gravitación económica imperialista, y si los Estados son burocráticos y lentos es por la pobreza de las sociedades y porque, en cada una de ellas, se construyó en paralelo industrias e instituciones condenadas al agotamiento.

Esa es la realidad de hoy, cuando la relación económica de cada país; primero exportador, luego industrial, ahora financiero y siempre al servicio de la economía internacional, ha terminado. No es hora de pensar en destruir nuestros Estados. Es por el contrario, la hora de consolidar, transformándolo, el Estado Nacional Latinoamericano. Así pues, la primera modernidad esencial de América Latina es su integración.

Pero a su vez, la modernidad básica del Estado Peruano es su propia nacionalización; vale decir, su reconstrucción regional, y ese será un largo proceso.

Es una alucinación reaccionaria la que propone una modernidad inmediata basada exclusivamente en el mercado y la sumisión al extranjero y la que declara que el Estado ha fracasado. Y es una alucinación reaccionaria porque desconoce que el Estado nunca ha sido una verdadera y nacionalmente construido en el Perú.

Precisamente, por ello, desconoce el sentido de la Regionalización. La Regionalización es modernidad política porque nacionaliza el Estado; es modernidad social porque integra grupos marginales ajenos a la dominación oligárquica; es modernidad cultural porque reconoce el mestizaje como proceso y sujeto político; es modernidad económica porque replantea el sentido de la planificación y la producción; y es modernidad administrativa porque construye políticamente nuevos sectores de gestión y administración asignándoles los recursos más importantes de la Nación.

En conclusión, para nuestro Estado y para nuestro tiempo, modernidad es integración y Regionalización y, a través de ellas, adelanto tecnológico.

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(*) Capitulo I del libro "La Revolución Regional". Ed. Desa S.A., Lima, 1990.